Es normal sentirse cansado después de un día estresante o de hacer ejercicio, pero si el agotamiento dura varios meses y afecta la calidad de vida, estamos ante un problema mayor.
Por: Isis María Infante Regalado.
La fatiga se considera como un síntoma más que acompaña a muchas de las enfermedades que nos afectan; sin embargo, existe un tipo de cansancio intenso e incapacitante que no mejora con el descanso en la cama y a menudo puede empeorar con la actividad física o mental. Esta fatiga es generalizada y suele reducir drásticamente los niveles de actividad y la resistencia de una persona.
A esta condición se le conoce como síndrome de fatiga crónica (SFC), y se caracteriza porque las personas que lo padecen presentan un sustancial deterioro de su tolerancia hacia las actividades ocupacionales (del trabajo), personales, sociales o educativas.
Sus síntomas tienen una duración mínima de 6 meses, con la particularidad de que no se deben a un esfuerzo físico actual ni mejoran significativamente con el descanso; asimismo, deben ser de reciente aparición (no llevan toda la vida) y producir una reducción sustancial de los niveles anteriores de actividad.
Y ya que hablamos de los síntomas…
Algunos de ellos son: aumento del agotamiento después de realizar actividad física o mental, afectación del sueño, problemas de la memoria y la concentración, mal estado general, dificultad para pensar o mantener el equilibrio y la postura, alergias o sensibilidades nunca antes manifestadas, así como enfermedades recurrentes y disminución del sistema de defensas, escalofríos o sudores nocturnos, alteraciones visuales, síndrome de colon irritable (mejor conocido como colitis) y lo más importante: depresión o problemas emocionales (irritabilidad, cambios de estados de ánimo, ansiedad, ataques de pánico).
El diagnóstico del síndrome de fatiga crónica se realiza cuando la afección se presenta durante seis meses o más, y no se debe a otras condiciones médicas o psiquiátricas diagnosticadas; además, el paciente debe contar con cuatro o más de los síntomas ya mencionados.
Para hacer frente a este problema es importante adaptarse y enfrentar las realidades que conlleva, así como tener una buena alimentación, detectar el origen del problema y llevar un tratamiento médico homeopático.
China officinalis o Ferrum metallicum son excelentes opciones para tratar a los pacientes que presentan esta enfermedad, aunque no los únicos. Lo más importante para realizar un tratamiento homeopático es que el médico determine el origen del problema y las características del paciente, ya que de ello dependerá la elección final del medicamento, de acuerdo con la individualidad de cada persona.
Correo: isismainre@gmail.com
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