Se ha probado con éxito en pacientes con pie diabético, cuyas lesiones precisaban cirugía de amputación.
Por: Karina Galarza Vásquez.
La piel es susceptible de sufrir diversos daños y enfermedades, problemas que, de agravarse, comprometen de manera importante la salud. Ante ello, científicos del Instituto de Investigaciones en Materiales (IIM) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han realizado investigaciones encaminadas a la obtención de agentes capaces de acelerar y mejorar el proceso de cicatrización y reepitelización (formación de nuevas células cutáneas).
En esta búsqueda, el equipo comandado por la doctora María Cristina Piña Barba comenzó a trabajar con un tipo de cerámica llamada aluminofosfato, cuya principal función es regenerar la piel gravemente lesionada.
Respaldo científico
Antes de que un biomaterial (sustancia diseñada para usarse o implantarse en organismos vivos) pueda probarse en humanos y lanzarse en forma de producto terapéutico o de implante, tienen que pasar muchos años de estudios y pruebas clínicas.
“En el laboratorio hemos desarrollado entre 4 y 5, proceso que nos ha llevado más de 15 años de investigación, aunque hay ocasiones en que se requieren de 20 a 30 años”, refiere la doctora Piña Barba.
En el caso del aluminofosfato, la investigadora del IIM reconoce que Cuba ya lo había investigado ampliamente. No obstante, el máximo logro del equipo científico mexicano fue desarrollarlo en el laboratorio. Dicho material es del tipo de las zeolitas (mineral con porosidades cristalinas), está compuesto por una serie de canales en los que almacena agua y tiene la virtud de mantener al tejido seco y sin bacterias.
A dichas cavidades del material se les introdujeron partículas de calcio (Ca) y zinc (Zn), ya que juegan un papel importante en la cicatrización de la piel, reepitelización y formación de tejido.
“El primer mineral regula y coordina la diferenciación de las nuevas células, participa en la formación de las capas grasas y proporciona protección. Y el otro elemento inactiva la acción perjudicial de las bacterias, reduce hemorragias en heridas, promueve el desarrollo de la piel y regenera el crecimiento de vello”, detalla la entrevistada.
Efectividad comprobada
Los primeros experimentos se realizaron en colaboración con el Departamento de Cirugía de la Facultad de Medicina de la UNAM. Para ello, se utilizaron 60 ratas Wistar, a las que se les extirpó del lomo una porción de piel de aproximadamente 1.5 centímetros cuadrados. Estos animales se dividieron en cuatro grupos: a los dos primeros se les aplicó aluminofosfato mezclado con diferentes concentraciones de calcio y zinc, en el tercero se utilizó nitrofurazona (un bactericida de uso común) y el cuarto se mantuvo sin medicación.
“Los resultados revelaron que la acción terapéutica de nuestro aluminofosfato fue más eficiente que la nitrofurazona, toda vez que la piel de las ratas se reconstruyó, recuperó su grosor y textura normales y se pobló de pelo sin dejar marcas ni ocasionar infecciones”, asegura la científica.
En promedio, se logró una regeneración cutánea 15% más rápida que al usar el bactericida y con la ventaja adicional de que el tejido se tornó más resistente, sin cicatrices ni cambios en la coloración.
Mediante dichas pruebas fue posible comprobar que el biomaterial utilizado no causó toxicidad, intolerancia, infección, inflamación ni algún otro tipo de daño a los animales. Además, al haber sido enriquecido con calcio y zinc se potenció su acción terapéutica.
Después de comprobar los efectos de la biocerámica en roedores, el grupo de investigadores de la UNAM tuvo la posibilidad de probarla en pacientes voluntarios con diabetes.
“Estas personas, entre las que se encuentra mi cuñado, presentaban ulceraciones y problemas de cicatrización, lesiones que se habían agravado al extremo de requerir amputación. No obstante, el uso del aluminofosfato permitió que las heridas cerraran y ello los salvó de perder el pie”, acota la científica.
La presentación del producto es en forma de polvo y puede aplicarse solo o mezclado con petrolato directamente en la lesión. Además, es económico, su elaboración es sencilla y puede usarlo cualquier persona con graves daños en la piel sin importar la causa.
Falta de apoyo
Hasta el momento el equipo que dirige la doctora Piña Barba no cuenta con la posibilidad de efectuar un estudio formal en humanos, por lo que están en la búsqueda de alguna institución médica que se interese en realizar la investigación clínica.
“No tenemos un trabajo escrito que documente las propiedades del biomaterial en grandes poblaciones de pacientes. Hace tiempo mandamos la cerámica a un hospital dermatológico de Guadalajara para que hicieran las pruebas y fuera posible reportar los resultados, pero no recibimos respuesta”, finaliza la investigadora.
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